martes, 22 de marzo de 2011

Tu cuerpo: tu instrumento

                                                      
El flautista limpia a la perfección cualquier rastro de sudor, y no digamos el chelista que monitorea de continuo la humedad del hogar, el estuche, de su instrumento. Si por descuido la guitarra sufre un resbalón, puede ser desastrozo. Este piano que se muestra a continuación, representa un descuido total por parte de su usuario. Completamente destartalado diría yo, tratado con el mínimo respeto. ¿A qué Músico le gustaría interpretar con un instrumento así? Haciendo a un lado lo antiestético, ¿dónde quedó el sonido?, ¿dónde la afinación?. Un piano desafinado, atropellado, inservible.




¿No es incongruente entonces dividir nuestro cuerpo de nuestro instrumento? Tratar de la mejor forma a algo material, muy querido, muy amado por cierto, como lo es nuestro instrumento, y por otro lado no cuidar nuestro cuerpo. Gracias a la participación de Aparatos y Sistemas, y sobretodo del Sistema nervioso, auditivo y músculo esquelético podemos ejecutar un instrumento. Cuando perdemos de vista la escencia de que mi instrumento es una prolongación de mi cuerpo, caemos en lo antagónico de querer hacer sonar algo que por ende es ajeno a mi propio cuerpo. El equilibrio radica entonces, en fusionar su forma con mi cuerpo, y enfatizo, mi cuerpo como un todo y no únicamente manos y dedos.

Por ello, la importancia de conocer sólo mi instrumento es aproximarme a un 50%. Mientras más conozca mi cuerpo, sus alcances, sus limitaciones, sus puntos débiles, sus necesidades, su compleja interacción con el mundo exterior (relaciones interpersonales) y con el mundo interior (personalidad), me acercaré al otro 50%. La formación del Músico es ´constante y continua. Un Músico con MÚSCULOS DESAFINADOS interrumpe con esa línea, y si le tomaramos una fotografía, se aproximaría también a la fotografía de arriba.


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